Cardenal Cláudio Hummes: un legado de liderazgo, diálogo y fraternidad más allá del sol.

El pasado lunes 4 de julio falleció el Cardenal Cláudio Hummes, fue no solo una figura destacada de la Iglesia Católica sino también un guía, amigo, sabio compañero de ruta para muchas personas. Desde el Instituto para el Diálogo Global y la Cultura del Encuentro, queremos recordarlo contando quién fue y por qué es importante continuar con su legado.

Un camino desde Brasil hasta Roma

Nació en Montenegro, estado de Rio Grande do Sul el 8 de agosto de 1934. Hijo de inmigrantes alemanes que se desempeñaban como agricultores y llegaron a Brasil en el siglo XIX. Desde los 9 años recibió formación franciscana y fue ordenado como sacerdote a los 24 años en 1958. En 1963 obtuvo un doctorado en filosofía de la Universidad Pontificia Antonianum en Roma y estudió en el Instituto Ecuménico de Bossey en Ginebra, Suiza, donde recibió una especialización en ecumenismo.

Fue designado arzobispo de Sao Paulo en 1998 por el papa Juan Pablo II, quien en 2001 lo nombró Cardenal, y ejerció esas funciones hasta que en 2006 fue transferido por Benedicto XVI a Roma, para hacerse cargo de la Congregación vaticana para el Clero.

No te olvides de los pobres

A pesar de ser una figura destacada de la Iglesia Católica por décadas, Hummes tomó aun más reconocimiento público en 2013 luego de que el Papa declarara cómo lo había inspirado para elegir el nombre de Francisco. “Durante la elección, estaba al lado del arzobispo de Sao Paulo, Cláudio Hummes, un gran amigo (…) Cuando las cosas se pusieron peligrosas, él me consoló. Cuando los votos llegaron a dos tercios, él me abrazó, me besó y me dijo: ‘¡Y no te olvides de los pobres!’ Enseguida, en relación a los pobres, pensé en Francisco de Asís, en las guerras (…) el hombre de la pobreza, el hombre de paz”, reveló Francisco.

Amazonía y cuidado del planeta

El trabajo por y en la Amazonía así como también por el cuidado del planeta, fueron dos de las claves en las que basó todo su labor. Fiel creyente de que los cambios reales se logran trabajando en conjunto, en 2014 formó parte de la creación de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) de la que fue nombrado presidente y años más tarde también dirigió la  Conferencia Eclesial de la Amazonia (CEAMA). Desde ambas plataformas, impulsó una Iglesia con una ‘cara amazónica’ cercana a todas las personas, especialmente a los pueblos indígenas y a los más pobres y olvidados. 

Participó en la COP 21 de París en la que pidió reducciones drásticas de las emisiones de carbono para mantener el aumento de la temperatura global, ‘poner fin a la era del combustible fósil’, establecer un objetivo para la descarbonatación completa para 2050 y solicitó a los países más ricos que ayuden a los más pobres del mundo a hacer frente al clima cambiar los impactos, proporcionando financiación climática robusta.

En 2019 desempeñó un papel central durante el Sínodo sobre la Amazonía en el que fue el relator general.

En 2021 la Universidad Nacional de Rosario (UNR) con la presencia de Luis Liberman y Gabriela Sacco, fundador y directora del IDGCE, le entregó el Doctorado Honoris Causa, la máxima distinción académica que otorga una Casa de Altos Estudios. En su discurso planteó la importancia que tiene la Amazonía para nuestro futuro y la alarmante situación por la que está pasando.

“Es una región que comparte con el planeta su aire, su agua, su cultura, su belleza y su función de equilibrio ecológico. Es también el lugar donde suceden los mayores desafíos sociales y ambientales, la depredación sistemática del bioma, la minería ilegal, el envenenamiento del agua y la explotación económica cruel de los más frágiles. Es donde de manera estremecedora vemos los efectos del cambio climático que impactan directamente en el ciclo de las aguas sequías o grandes inundaciones, que degradan la vida de los más vulnerables, creando soledad y destierro. Cierto es que hoy la tierra clama y los invisibles de la tierra reclaman por su derecho a existir, a ser parte, a ser escuchados y respetados en sus diferencias” ,dijo.

Pero también dejó un mensaje de esperanza y unidad: “Vamos en busca de una sociedad de prójimos, una sociedad del “nosotros”, donde reconocernos. Simple, es como tender la mano a la espera de la otra mano y en el encuentro, el reconocimiento del “nosotros” como prójimos, de los que no tienen, de los vulnerables, de los pueblos originarios, de las mujeres.  Si aceptamos que nadie se salva solo, que todos estamos en la misma barca, entonces nada más que la confianza, el conocimiento, la fe y el diálogo serán la condición indispensable para un nuevo reinicio. ¡No dejemos que nos tomen la esperanza! “.

Un legado que perdurará más allá del sol

Durante toda su vida Dom Cláudio, como le decían aquellos más cercanos, nos demostró que todos podemos contribuir a hacer de este mundo un lugar mejor si estamos dispuestos a trabajar en conjunto, a escucharnos, a dialogar y a respetarnos en las diferencias. Además, nos deja la certeza de que la sociedad civil tiene y debe cumplir un rol fundamental en la construcción de un futuro, que no solo sea responsable con el medioambiente, con el cumplimiento de los derechos humanos, sino también responsable con todos aquellas personas vulnerables y olvidadas.

Estamos agradecidos y honrados de haber podido contar con el apoyo y el acompañamiento del Cardenal Hummes durante todos estos años, como lo hizo cuando estuvo presente junto a Francisco en nuestro seminario sobre el Derecho Humano al Agua que tuvo lugar en Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano en el año 2017.

Continuaremos trabajando y honraremos su legado y su mensaje de esperanza, compromiso y dedicación que a partir de ahora, llegará más allá del sol.