“A Francisco no le molestan las críticas”

“A Francisco no le molestan las críticas”

“A Francisco no le molestan las críticas”

Conversación con Luis Liberman, director de la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro en Argentina, sobre las críticas que recibe el Papa en su país y en otras latitudes.

Construir diálogo y cultura del encuentro en Argentina es muy difícil. Lo es, también, en el resto del mundo. Porque la sociedad moderna apuesta a la fragmentación. Un sistema inequitativo que es denunciado cada día por el Papa. Esto lo vuelve “incómodo” y le genera críticas. Pero a él no le molestan. Son convicciones de Luis Liberman, director de la Cátedra del Diálogo y la Cultura del Encuentro en Argentina, una iniciativa que reúne a fundaciones, universidades y otros organismos con el objetivo de promover el pensamiento de Francisco. 

Unos días atrás, junto con la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales, la cátedra convocó a un seminario mundial sobre la crisis y la emergencia del agua. A la reunión, realizada en el corazón de los Jardines Vaticanos y en la cual participó el pontífice, acudieron delegados de más de 50 países.  

Además, en Argentina promueve la creación de la Universidad del Agua, cuya creación está prevista para el próximo año. Aplicará un modelo innovador, porque pretende ser una institución de “matriz obrera” y abierta al mundo. Estará especializada en temas del agua porque la llevarán a cabo trabajadores de Obras Sanitarias. 

Esos son solo algunos proyectos de la cátedra que, según Liberman –amigo de vieja data del Papa-, es mas bien una “anticátedra” porque empuja una experiencia constructiva de conocimiento, superando el encierro rígido de las academias tradicionales. Sobre estos y otros temas, el director dialogó con el Vatican Insider. 
¿La cátedra es un espacio plural? 
Es un espacio plural por la procedencia de las personas, no está sesgado a un ámbito político únicamente, tiene la pretensión de ir en búsqueda de las voces y las periferias de las voces, lo concebimos como un ámbito constructivo permanente.  

¿Qué tan difícil es hacer esto en una Argentina tan fragmentada? 
Es tremendamente difícil porque lo que está a discusión en Argentina, como en muchos países del mundo, es el impacto de esa fragmentación que tiene varios vectores: el político, el cultural, el social, el económico. Este es un problema mundial y lo está planteando el Papa. Cuando él indica la necesidad de construir cercanía, proximidad, ámbitos de relación donde podamos reflejarnos en el otro, en realidad está interpelando el carácter global de la economía financiera que se basa en la indiferencia de la sociedad de consumo. Es un desafío propio del mundo occidental, donde el capitalismo financiero rompe todas las barreras locales aún cuando esas mismas barreras coyunturalmente se cierren. En realidad, lo que está en juego en este tiempo es cómo se construyen las políticas públicas: juntando todas las voces, como es nuestra postura, o sesgándose a una corporación de poder, como proponen otros, y cuál es el rol del Estado en la construcción de futuro. 

Lo que propone el Papa, en este campo, parece ir a contrapelo de un sistema muy arraigado ¿no? 
Lo que observamos, tiene que ver con esa angustia existencial. La competencia es valiosa hasta cierto punto, cuando se convierte en destrucción no sirve. A mí me preocupan mis hijos, los hijos de mis hijos. Me parece que el modelo actual solo piensa en el presente. El Papa va a contrapelo de todo este mundo, eso es claro. 

¿Es eso lo que hace que lo critiquen al Papa desde algunos sectores? 
Al Papa eso no lo molesta, al contrario. El Papa es un líder global, no es tan relevante que sea argentino, pero como líder está impulsando un hecho revolucionario en la cultura: volvamos a mirarnos a los ojos. Paremos un poco la velocidad, tengamos cuidado con la obsolescencia de las cosas, porque esa obsolescencia se quiere aplicar a los símbolos y a las personas. Pero las personas no tienen fecha de caducidad, sus historias no pueden vencerse. Los jóvenes piden tener trabajo y que sea digno. En realidad, Francisco está poniendo el dedo en la llaga de una sociedad altamente fragmentada y que, en todo caso, empuja al descarte y a la expulsión a millones de personas que no pueden acceder a ese modelo. 

Entonces, ¿no ve preocupado al Papa por los señalamientos que le lanzan?  
Me parece que los señalamientos que recibió (recientemente) provienen de grupitos minoritarios, que pueden disponer de robots que se pueden multiplicar en las redes pero que no dejan de ser pequeños. En Argentina, que a veces se presenta como un país “más papista que el Papa”, me parece que el problema es otro: allá todos “tienen su Papa” y esperan que “ese Papa” haga algo. Pero parece más relacionado con una cultura paternalista, que debemos interpelar y cambiar.  

¿Ese fenómeno de buscar “el propio Papa” es algo popular o mas bien mediático? 
Es un fenómeno mas bien mediático, la gente no sigue mucho esa discusión. Es un debate que está presente en la política y en los medios, pero la opinión pública no siempre es la opinión de la persona real; las encuestas muchas veces no representan a una mayoría consistente. Igual no se puede afirmar que, en Argentina, el 100 por ciento de los ciudadanos amen al Papa, pero tampoco creo que él aspire a eso. Francisco está llevando a cabo una acción significativa para la Iglesia y para el mundo.

¿Cuál es la característica principal de esa acción? 
Cuando el Papa te habla, se dirige a tu adulto y a tu niño: te dice cómo eras, qué tenías y qué perdiste, qué te hacía feliz. Él afirma que tenemos ese derecho, a ser felices. No a la felicidad que brilla por el consumo, sino a la felicidad propia del encuentro. Depende quién lo traduzca, depende quién lo lea, esto se entiende en uno u otro sentido. De todas maneras, para nosotros Francisco es un gran “sacudidor de conciencias”, así lo consideramos

Fuente: http://www.diariocastellanos.net/noticia/a-francisco-no-le-molestan-las-criticas